domingo, 28 de diciembre de 2025

El desquite: análisis literario y cuento

El desquite, cuento de Miguel de Unamuno


El Desquite de Unamuno: ¿Justicia o simple venganza?

¿Alguna vez has sentido ese impulso eléctrico de devolver un golpe? En "El Desquite", el gran Miguel de Unamuno nos baja a la tierra (literalmente, al barro de la calle) para enseñarnos que la civilización, con todas sus leyes y jueces, nació de algo tan básico y animal como una pelea de niños.

Hoy vamos a analizar este cuento que, aunque parece una simple anécdota infantil, es en realidad un tratado de sociología pura. Prepárate un café, porque vamos a desmenuzar por qué ese "¡Ya caerás!" que todos hemos dicho alguna vez es la base de nuestro mundo.

La jungla del barrio: Luis y Guillermo
El cuento nos presenta a Luis, el "mandarín" del barrio. Ese típico gallito que domina a punta de miedo y empellones. Unamuno lo describe de forma magistral: un tipo pesado que se divierte humillando a los más débiles, como al pobre Enrique "el tonto".

Pero todo imperio tiene su fin. Guillermo, el que fue derrotado antes, no ha olvidado. Vive rumiando su rabia, esperando el momento. Aquí vemos la primera gran verdad humana: la sumisión casi siempre es fingida mientras se espera la oportunidad del desquite.

La pelea no estalla por un gran ideal, sino por una pedrada a un bicho en el campo. Es la excusa perfecta para que la testosterona y el orgullo acumulado salgan a flote.

El círculo vicioso del "¡Ya caerá!"

Lo más potente del cuento es el final de la gresca. Guillermo gana, Luis termina sangrando y humillado en el lodo. Pero, ¿se acaba ahí la historia? Ni mucho menos.

Mientras Guillermo disfruta de su efímera corte de admiradores, Luis se retira murmurando: "¡Ya caerá! ¡Ya caerá!". Ese es el alimento de su "majestad caída".

Unamuno nos lanza una pregunta incómoda: ¿Existe realmente la paz o solo somos seres esperando nuestro turno para devolver el golpe? El desquite no cierra heridas, solo las cambia de bando. Es un internacionalismo belicoso llevado a la escala de dos niños con las rodillas raspadas.

Curiosidades y el trasfondo oculto de la revancha

Para entender a Unamuno hay que leer lo que no se dice. Este cuento no es una simple anécdota de chiquillos; es una radiografía de la condición humana que guarda secretos muy interesantes:

El peso de las palabras: Desquite vs. Revancha El autor empieza con una nota de purismo. Rechaza "revancha" por ser una voz extranjera y se queda con desquite. No es capricho. El desquite tiene un matiz de "sacarse la espina", de quedar libre de una deuda de honor. Para Unamuno, la lengua es el alma, y usar la palabra correcta es la primera forma de ganar una batalla.

¿Niños o naciones en guerra? Aunque la escena ocurre en una calle embarrada, este texto fue escrito pensando en el panorama internacional. El autor nos advierte que las guerras entre potencias no son diferentes a la pelea entre Luis y Guillermo. El "¡Ya caerás!" que murmura un niño derrotado es el mismo sentimiento que alimenta los conflictos mundiales. El odio no tiene edad ni fronteras.

La extraña obsesión de Eugenio Hay un personaje que pasa desapercibido pero es vital: Eugenio. Su "sentimiento de dignidad" es casi una patología. Si le daban diez golpes, él devolvía once. Si el maestro le daba una azotina, él tenía que tocarle el faldón de la levita una vez más de las que fue golpeado. Es esa necesidad absurda de quedar encima, aunque sea con un gesto inútil, lo que define a muchos líderes y personas en nuestra sociedad actual.

El papel del espectador Fíjense en los mirones. No intentan separar a los peleadores; los azuzan. "¡Mójale la oreja!", "¡Tírale saliva!". Esto refleja la crueldad de la masa. El grupo disfruta del conflicto ajeno porque le da una posición de poder sin correr riesgos. Es el reflejo de cómo la sociedad consume el caos de otros para sentirse a salvo.

El "Ya caerá" como alimento del alma
Cuando Luis se retira sangrando y murmura su amenaza, está activando un mecanismo psicológico de supervivencia. Para el vencido, la esperanza de la revancha es lo único que le permite seguir caminando con la frente en alto. Es la majestad caída que se niega a aceptar que alguien es superior.

Este sentimiento es un arma de doble filo:

El lado positivo: Da una fuerza increíble para levantarse y mejorar.

El lado negativo: Te condena a vivir anclado en el pasado, rumiando un odio que no te deja avanzar.

Al final, todos somos un poco como esos rapaces. Vivimos en un equilibrio frágil, vigilando de reojo al "alguacil" y esperando que el otro tropiece para sentir que, por fin, hemos recuperado nuestra posición.

Reflexión final: ¿Justicia o instinto?
Lo que Unamuno nos lanza a la cara es que nuestra flamante justicia moderna es solo una versión refinada del estornudo: una respuesta automática del organismo ante una agresión. "Me pega, le pego, y en paz".

Si miramos bien el mundo, nos daremos cuenta de que muchas de nuestras leyes son solo mecanismos para que la pelea no sea eterna y para que el alguacil no tenga que usar el bastón con todos. La paz, tal como la conocemos, no es más que un desquite que todavía no ha tenido la oportunidad de ejecutarse.

¿Y tú, qué prefieres? ¿Cerrar el ciclo y olvidar, o vivir alimentando ese "Ya caerá" hasta que llegue tu momento?

El desquite, Cuento

Autor: Miguel de Unamuno

El desquite Libro