El Sacrificio de Shari: El Misterio de la Cabeza Voladora en la Amazonía
La Amazonía no es solo un mapa de ríos serpenteantes y follaje impenetrable; es un organismo vivo que respira, que recuerda y, sobre todo, que advierte. En sus profundidades, el tiempo no es una línea recta como la que marcan los relojes del mundo moderno, sino un ciclo eterno donde el pasado sigue latiendo bajo la corteza de los árboles centenarios.
Quienes nos criamos con historias de aparecidos, de luces que bailan en la oscuridad y de antepasados con dones inexplicables, sabemos que el mundo espiritual no es una fantasía: es una realidad alterna, palpable y, a veces, cruel.
Esta es la crónica de un hombre que decidió cruzar el umbral prohibido. No por maldad, sino por esa compasión que a veces se confunde con la desmesura y la locura. Es la historia de Shari, el curandero, y de cómo su nombre quedó grabado en el viento como la leyenda de La Cabeza Voladora.
I. Una Herencia de Poder y Misterio
Shari no era un hombre común. Desde pequeño, mostraba esa mirada profunda que tienen aquellos que pueden ver más allá del velo. Se decía que su linaje estaba marcado por la magia; quizás alguna bisabuela suya tenía la capacidad de desprenderse de su forma humana para viajar en la noche, tal como se cuenta de las brujas que toman forma de animal. Él conocía el lenguaje de las plantas, sabía cuándo el río estaba enojado y podía interpretar el canto de los insectos como si leyera un libro abierto.
Los habitantes de las comunidades acudían a su choza buscando alivio para fiebres que ningún médico de ciudad podría entender. Shari curaba con ícaros, esos cantos sagrados que son puentes entre las dimensiones. Pero en su interior, él guardaba un secreto pesado: el conocimiento del Desprendimiento del Espíritu.
Era una técnica prohibida, un arte que permitía a la conciencia abandonar la carne, dejando el cuerpo inerte mientras la cabeza se elevaba para viajar por el plano astral.
Su maestro se lo había advertido: "El cuerpo es el ancla, Shari. Si el ancla se rompe o si el miedo te hace dudar mientras estás en el aire, quedarás atrapado en la dimensión de las almas errantes, como un fantasma que no encuentra su lugar en la Ciudad de Dios".
II. La Noche de la Súplica y el Tunche
Una noche, el cielo se desplomó sobre la selva. La lluvia golpeaba los techos de palma con una violencia que parecía querer lavar los pecados del mundo. En medio de ese estruendo, una mujer llegó a la puerta de Shari. Estaba empapada, con el rostro desencajado por el terror más puro que puede sentir un ser humano: el miedo a perder a un hijo.
En sus brazos, un niño pequeño ardía como brasa. Sus ojos, entreabiertos, solo mostraban el blanco de una muerte inminente. —El Tunche... —susurró la mujer—. Se lo está llevando, Shari. El silbido... lo escuché detrás de la casa.
Shari observó al pequeño y sintió un escalofrío. No era una infección común. Había una sombra pegada al pecho del niño, un frío espiritual que estaba absorbiendo su fuerza vital. El curandero comprendió que para recuperar esa alma, tendría que descender al territorio de los espíritus errantes, allí donde la vida se confunde con la sombra y donde los vivos no pueden caminar con sus pies de barro.
A pesar del peligro, a pesar de las advertencias, el corazón de Shari se conmovió. Sabía que usar el arte prohibido era su única opción, aunque eso significara poner en juego su propia existencia terrenal.
III. El Viaje Astral: El Vuelo de la Conciencia
Shari preparó el círculo de protección con hojas sagradas. Encendió tabaco, se pintó el rostro con tintes rituales y comenzó a entonar un ícaro cuya melodía parecía venir de las raíces mismas de la tierra. A medida que la canción se hacía más profunda, su respiración se hizo lenta, casi imperceptible. Su cuerpo comenzó a sentirse pesado, como si la tierra quisiera reclamarlo.
Entonces, ocurrió lo sobrenatural. Con un silencio absoluto, la cabeza de Shari se desprendió del cuello. La cabeza se elevó, liviana como el humo, dejando atrás el cuerpo sentado, una cáscara vacía esperando el regreso de su dueño.
Flotando entre los árboles, Shari atravesó la espesura. Sus ojos ahora eran brasas verdes que cortaban la neblina. Veía el bosque como es en realidad: un hervidero de energías donde los árboles tienen rostros y el aire está poblado por seres que cohabitan con nosotros sin que lo notemos.
IV. La Batalla en la Dimensión de las Sombras
Guiado por un rastro de frío, Shari llegó a un claro donde la oscuridad parecía tener vida propia. Allí estaba el Tunche, esa figura delgada y pálida que sostiene las almas de los débiles. El espíritu lanzó un chillido capaz de helar la sangre, pero Shari, en su forma de cabeza voladora, no retrocedió. Respondió con un rugido de viento, proyectando toda su voluntad contra la sombra.
La batalla pareció durar horas, aunque quizá solo fueron unos pocos latidos del bosque. Finalmente, Shari logró arrebatarle el alma al niño. La sintió sutil y cálida, aferrándose a él para regresar. Sin perder un segundo, emprendió el vuelo de vuelta hacia su choza.
Sin embargo, en el trayecto de regreso, un pensamiento fugaz —una ráfaga helada de duda— cruzó por su mente. El miedo a no encontrar su cuerpo, el temor a que el tiempo se hubiera agotado, fue suficiente para romper su concentración. En ese mundo espiritual, la vacilación es una ruptura del orden.
V. Una Extraña Realidad: El Guardián Eterno
Cuando la cabeza de Shari descendió sobre su choza, la madre esperaba junto al cuerpo inmóvil. Pero justo antes de que la cabeza pudiera unirse de nuevo al cuello, el cuerpo exhaló un último suspiro y se desplomó. El puente se había roto. Shari había vencido al Tunche y salvado al niño, pero no pudo vencer a su propia mortalidad.
Desde aquel instante, la realidad de Shari cambió para siempre. No murió del todo, pero tampoco regresó a la vida carnal. Se convirtió en un alma errante, un guardián que no necesita manos para curar ni pies para recorrer el monte.
Se dice que en las noches de tormenta puede verse una cabeza luminosa volando entre las copas de los árboles, vigilando las chozas de los enfermos. Es Shari, el curandero que sacrificó su vida, condenado a vagar como La Cabeza Voladora. Su castigo es velar; su recompensa, proteger a los inocentes del mismo mal que intentó derrotar.
Análisis Simbólico y Datos del Mito
La Cabeza como Asiento del Espíritu
En muchas culturas ancestrales, la cabeza no es solo un órgano: es el lugar donde habita la palabra y la intención. La separación de la cabeza del cuerpo simboliza la escisión entre el pensamiento y la materia. Shari, al quedar solo como cabeza, se convierte en conciencia pura, alejado de las tentaciones de la carne pero atrapado en su propia sabiduría.
El Peligro del Miedo
La leyenda nos enseña que en el mundo espiritual, el miedo es el mayor enemigo. No es la fuerza del Tunche lo que condena al chamán, sino su propia duda. Esto refleja una gran verdad: para avanzar en las finanzas, en la vida y en el espíritu, la cordura y la fe deben prevalecer sobre la vacilación.
Curiosidades de la Selva
El Puente de Plata: Se cree que el cuello es la conexión mística. En algunas regiones, se dice que si se coloca sal o ceniza en el cuello del cuerpo mientras la cabeza vuela, esta jamás podrá volver, obligando al espíritu a vagar por siempre.
El Silbido del Tunche: Los locales aseguran que si escuchas el fin-fin del Tunche, nunca debes responderle, pues se acercará para absorber tu energía vital.
Similitudes Globales: Este mito no es exclusivo de la Amazonía; existen relatos similares como la Mana-nangal en Filipinas o el Chonchón en el cono sur, que es la cabeza de un brujo que usa sus orejas para volar.
Moraleja
El dinero, los valores y el conocimiento deben ser administrados con sabiduría y generosidad. Shari fue un hombre de bien, pero su historia nos recuerda que intervenir en fuerzas que no comprendemos del todo exige un temple de acero. La avaricia de conocimiento también puede ser una trampa si no se maneja con la guía divina y la paz interior.
En la selva, incluso la muerte aprende a vigilar. ¿Has sentido alguna vez una presencia cuidándote en la oscuridad de la noche? Quizás sea un guardián que, como Shari, decidió quedarse para que otros pudieran vivir.
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