sábado, 19 de septiembre de 2020

Cuento de terror de Guy Maupassant y análisis literario

 
Ilustración del cuento de terror "¿Fue un sueño?" de Guy de Maupassant.






Un maravilloso cuento del escritor Guy de Maupassant que atrapa desde las primeras líneas. Se centra en el profundo amor de un hombre hacia su mujer, recién fallecida. Desconsolado, emprende una aventura tenebrosa que marcará su vida para siempre… y que quizá le brinde el consuelo que su alma tanto necesita.

Venus Maritza Hernández


Análisis literario de ¿Fue un sueño?  | Cuento clásico explicado

¿Fue un sueño? es uno de los relatos más inquietantes y brillantes de Guy de Maupassant, un cuento que se desliza con elegancia desde el lirismo amoroso hasta el horror moral, pasando por el territorio ambiguo de lo fantástico psicológico. Como suele ocurrir en su obra, el autor no necesita monstruos ni artificios sobrenaturales evidentes: le basta con el alma humana, la culpa y la verdad desnuda.

El relato se abre con una confesión apasionada: “¡La había amado locamente!”. Desde la primera línea, el narrador está dominado por una obsesión absoluta. El amor aparece como una fuerza totalizante, exclusiva, casi religiosa. Amar, para él, significa reducir el mundo a una sola persona, a un solo nombre que asciende del alma como una oración. Maupassant describe el enamoramiento con una prosa musical, hipnótica, insistente, que reproduce el movimiento circular del pensamiento obsesivo.

Este amor no es sereno ni equilibrado: es posesión, fusión, pérdida de límites. El narrador vive únicamente a través de ella, hasta el punto de no distinguir entre el día y la noche, entre la vida y la muerte. Aquí ya se insinúa uno de los temas centrales del cuento: la fragilidad de la conciencia, la facilidad con que la razón puede resquebrajarse cuando se apoya en un solo pilar.

La muerte de la mujer amada irrumpe de forma casi banal, despojada de dramatismo heroico. No hay grandes discursos ni escenas sublimes: hay lluvia, tos, médicos que entran y salen, recuerdos borrosos. El narrador confiesa haberlo olvidado todo. Esta amnesia parcial no es casual: señala el inicio del desmoronamiento mental. El dolor es tan intenso que la memoria se fragmenta. La muerte no se recuerda, se padece.

Uno de los momentos más poderosos del relato es la escena del entierro. El sonido del martillo cerrando el ataúd se convierte en un símbolo brutal del encierro definitivo. Ella queda separada del mundo, y con ella se entierra también la identidad del narrador. El viaje posterior no es solo geográfico: es una huida de la realidad, una negación del duelo.

Cuando regresa a París, el espacio doméstico adquiere un carácter casi espectral. La habitación compartida, los muebles, la cama, los objetos cotidianos conservan “átomos” de ella. Maupassant convierte lo inanimado en testigo del amor perdido. El hogar deja de ser refugio y se transforma en una trampa emocional. El deseo de suicidio aparece como una tentación lógica, no melodramática: la vida sin ella parece un error de cálculo.

El espejo ocupa un lugar simbólico central. No refleja a la mujer, pero la evoca. Es un objeto frío que, paradójicamente, despierta una pasión ardiente. El narrador llega a amar el cristal, porque fue testigo de su presencia. El espejo representa la memoria: devuelve imágenes, pero nunca cuerpos; conserva apariencias, pero no la vida. Es un recordatorio cruel de lo irrecuperable.

El paso al cementerio marca el tránsito definitivo hacia lo fantástico. El espacio de los muertos se describe como una ciudad pequeña, humilde, casi olvidada, en contraste con la ciudad de los vivos. Maupassant introduce aquí una reflexión amarga: los vivos ocupan grandes espacios; los muertos, apenas nada. La tierra y el olvido los devoran. La tumba con la inscripción “Amó, fue amada, y murió” resume la visión idealizada de la vida humana: una mentira piadosa, breve y tranquilizadora.

La noche en el cementerio es el corazón del relato. El miedo, la oscuridad, la desorientación sensorial preparan el terreno para la irrupción de lo imposible. Cuando los muertos salen de sus tumbas y corrigen las inscripciones, el cuento se transforma en una acusación moral devastadora. Las lápidas, símbolos de la memoria social, mienten. Los vivos falsean la historia para soportarla. Los muertos, en cambio, escriben la verdad.

Cada epitafio corregido revela una existencia marcada por la hipocresía, la crueldad y el egoísmo. Maupassant no salva a nadie: padres, esposas, hijos, comerciantes respetables, todos quedan desnudos ante la verdad. Es una visión profundamente pesimista del ser humano, coherente con la filosofía del autor: bajo la máscara social se esconde la miseria moral.

El golpe final llega con la tumba de la mujer amada. El ideal romántico se derrumba de forma brutal. La inscripción revela que ella murió a causa de una pulmonía contraída al salir a engañar a su amante. No solo no era fiel, sino que su muerte fue consecuencia directa de la traición. El amor absoluto del narrador se revela como una construcción ilusoria.

El título del cuento, ¿Fue un sueño?, adquiere aquí su plena dimensión. Maupassant no ofrece una respuesta clara. El narrador despierta inconsciente sobre la tumba, y el lector queda suspendido entre dos interpretaciones: una experiencia sobrenatural o una alucinación nacida del dolor y la culpa. Esa ambigüedad es esencial al relato. La verdad, como las lápidas, puede ser insoportable.

Finalmente, ¿Fue un sueño? es una obra magistral sobre el amor idealizado, la mentira social y la violencia de la verdad. Maupassant nos recuerda, con una elegancia cruel, que amar no garantiza conocer, que la memoria miente y que, a veces, el mayor horror no proviene de los muertos, sino de lo que los vivos prefieren no saber.


Conclusión

El final de este cuento nos demuestra que, en la vida real, las cosas son así. Creemos conocer completamente a una persona, pero no es así. Cada individuo guarda una coraza de privacidad que resulta imposible derribar. Nos formamos una imagen interna de alguien que, muchas veces, está muy lejos de la realidad. Por eso, el amor a Dios debe reinar ante todo en nosotros, porque Él es, en verdad, el único ser que jamás nos traicionará.


¿Fue un sueño? Cuento

Autor: Guy de Maupassant

Videocuento



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