jueves, 10 de septiembre de 2020

El “entierro” y el ánima


El fantasma errante arrepentido


Un cuento algo triste, marcado por errores humanos como la avaricia y la falta de comunicación familiar. Sin embargo, resulta atrapante e interesante gracias a su contenido misterioso y sobrenatural, donde el más allá juega un papel preponderante en el desarrollo de la historia.

Venus Maritza Hernández


El Tesoro de José María González: ¿Avaricia o Condena Eterna?

¿Alguna vez has sentido ese impulso de guardar algo "por si las moscas" hasta el punto de la obsesión? La leyenda de "El Entierro y el Ánima" nos cuenta la historia de José María González y Juanita del Castillo, una pareja que lo tenía todo: amor, hijos hermosos y una fortuna envidiable en Las Tablas.

Pero detrás de la fachada de abundancia, se escondía una sombra: la psicología del "entierro". José María, hombre honrado pero económico hasta la exageración, tenía la costumbre de enterrar piezas de oro y plata. Un tesoro que ni su esposa conocía y que, irónicamente, se convertiría en el ancla que hundiría a su familia en la tragedia.

La trampa de la fianza y el orgullo herido

La desgracia empezó con una sonrisa y buenos modales. Unos forasteros, los García, llegaron al pueblo con aires de importancia y envolvieron al ingenuo José María. ¿El resultado? Él terminó siendo su fiador. Como era de esperarse, los García "anochecieron y no amanecieron", dejando la deuda en manos de José María.

Aquí es donde el relato se pone intenso. El pueblo, siempre dado al cuchicheo, empezó a sentenciar: "Don José María tendrá que vender todo su ganado". Y él, herido en su orgullo y por los nervios, empezó a deshacerse de sus tierras y animales para pagar, ignorando que tenía botijas llenas de oro bajo tierra.

¿Por qué no tocó el tesoro? Porque el dinero enterrado desarrolla una obsesión especial. El dueño sufre por conservarlo intacto. José María prefirió ver cómo su esposa lo abandonaba antes que desenterrar su secreto. Una locura que terminó en el naufragio de Juanita y sus hijos en el mar de Los Santos.

El testamento de un alma en pena
Tras la muerte de su familia, José María se dejó morir de pena. Pero antes de partir, le reveló a su hermano Juancho la ubicación del tesoro en el potrero de "El Cocal", junto a un guabo cansaboca. Su última voluntad era justa: la mitad para su cuñado Juan Pablo, por los derechos de su difunta esposa.

Pero la codicia humana no tiene límites. Juancho, al intentar quedarse con todo y engañar al joven Juan Pablo, despertó algo que debió quedarse dormido. Una voz "trapajosa" desde las sombras le advirtió: "Eso no es lo tratado, compadre".

El dinero enterrado no es solo metal; según la creencia popular, está ligado al espíritu de quien lo guardó. Si no se cumple la voluntad del difunto, el oro se vuelve "sal e higuillo", o peor aún, se convierte en una cadena que arrastra al vivo a la tumba.

Análisis Humano: El peso del oro sobre la conciencia
Si analizamos esta historia desde una perspectiva moderna, nos damos cuenta de que José María no murió de una enfermedad, murió de aislamiento emocional.

La desconfianza como veneno: José María no confiaba ni en su propia esposa. Ese secreto, esa necesidad de tener un "colchón" que nadie conociera, fue lo que destruyó su comunicación. Juanita se fue porque pensó que estaban en la miseria, cuando en realidad dormían sobre una mina de oro. La falta de transparencia mata matrimonios.

La fianza como detonante: Este cuento es una advertencia que sigue vigente: nunca salgas de fiador si no estás dispuesto a pagar. Los García representan a los estafadores de cuello blanco que pululan en todas las épocas, expertos en detectar la ingenuidad del hombre honrado.

La codicia del hermano: Juancho representa la traición familiar. Al intentar robarle la parte a un niño de trece años, rompe el equilibrio sagrado. Por eso el ánima se manifiesta. No es por el dinero en sí, sino por la violación de la palabra dada.

Curiosidades y Secretos de los "Entierros" Panameños
Si te gusta el folclore de nuestra región, estos datos te van a volar la cabeza:

1. La psicología del entierro
Como bien dice el relato, el campesino de antes no confiaba en bancos. Enterrar el dinero era una forma de control absoluto. Se dice que el dueño "contemplaba" su tesoro mentalmente cada día. Esa fijación es lo que, según la leyenda, hace que el alma no pueda descansar hasta que el dinero sea bien utilizado o entregado a quien corresponde.

2. El "Guabo Cansaboca" como marcador
En muchas leyendas panameñas, los tesoros siempre están cerca de árboles específicos. El guabo cansaboca es un clásico. ¿Por qué? Porque son árboles longevos que sirven de puntos de referencia permanentes. Si buscas un entierro, busca un árbol viejo con historia.

3. El trato con el muerto
El caso de Juan Ramírez es fascinante. Un hombre pobre que de la noche a la mañana aparece con pantalones de casimir y caballos de cien pesos. La gente en Las Tablas se dio cuenta de inmediato. La prosperidad súbita siempre levanta sospechas. Juan Ramírez "conjuró" al ánima y consiguió el dinero, pero el precio fue su cordura.

4. La cadena de doblones en Santa Librada
Un detalle escalofriante es cuando la sobrina del difunto reconoce la cadena de oro en una muchacha durante las fiestas de Santa Librada. Las joyas tienen memoria. En los pueblos pequeños, cada pieza de oro es conocida. Ver una prenda de un muerto en manos de un extraño es la prueba irrefutable de que un "entierro" ha sido profanado.

Lo que el Alguacil de la conciencia nos enseña
Al igual que en otros cuentos de la región, aquí aparece la figura de la justicia divina o paranormal. El ánima de José María no buscaba hacer daño por maldad; buscaba que se cumpliera lo pactado.

Juan Ramírez murió debajo del mismo árbol donde sacó el tesoro. ¿Cuál fue el trato que no cumplió? Probablemente una manda, una misa o repartir el dinero con los pobres. Cuando el beneficio es personal y se olvida el compromiso con el espíritu, el "desquite" del más allá es implacable.

Reflexión para el lector de hoy
Esta historia nos deja una lección de "Alto Valor": El dinero no sirve de nada si no tiene un propósito. José María guardó tanto que terminó perdiendo lo que no tenía precio: su familia. Juan Ramírez encontró tanto que terminó perdiendo la paz y la vida.

¿Tú qué harías si te encontraras un entierro en el potrero de "El Cocal"? ¿Serías capaz de cumplir el trato con un ánima o te ganaría la ambición como a Juancho?

La próxima vez que pases por un llano oscuro y veas una luz correr, piénsalo dos veces. Tal vez sea un tesoro esperando... o tal vez sea una cadena que no quieres cargar.


El entierro y el ánima, Cuento


Autor: Sergio González Ruíz




Conclusión

El alma errante del protagonista buscará la forma de cumplir sus deseos desde el más allá, pero en su afán, involucra a personas que al igual que él cometen errores, y faltan a sus promesas.

Venus Maritza Hernández



2 comentarios:

  1. Hola, me encantan este tipo de cuentos. No conocía a este autor así que lo goglee, ¿es panameño, verdad? Un cuento con tintes de leyenda y con muchas enseñanzas. Me gustó mucho. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Ana! Me alegra mucho que hayas disfrutado el cuento. Sí, el autor es panameño, y realmente es una historia fascinante, llena de enseñanzas. Gracias por visitar el blog.

      Eliminar

Deja tu comentario, tus palabras son preciadas joyas.