Análisis literario: La Marsellesa | Cuento clásico explicado
Las relaciones humanas, eje que en ocasiones de poca o nula empatía se yergue ante la nada, dejan un vacío existencial cuando el objeto de la atención —otro ser humano— es incomprendido y menospreciado.
Si ese ser muere, entonces suelen sobresalir sus cualidades, las mismas que en vida nunca fueron apreciadas. Por otro lado, el protagonista logra la ansiada libertad, y esta vez sus compañeros tienen en cuenta su petición: el canto de La Marsellesa.
Este cuento, profundamente simbólico, aborda temas como la exclusión, la sensibilidad reprimida y el poder redentor del reconocimiento tardío. El personaje conocido como "Marranillo" encarna al ser humano inocente, temeroso y vulnerable, que es ridiculizado tanto por las autoridades como por sus propios compañeros, pese a que todos saben que es inocente.
Su sensibilidad, expresada en llanto constante y súplicas, no es comprendida ni valorada en un entorno donde la dureza parece ser la única defensa válida frente a la opresión.
La narrativa presenta un contraste deliberado entre las lágrimas "masculinas", ardientes como lava que deja huella, y las de Marranillo, vistas como inútiles, que solo empapan su pañuelo. Esta visión refleja un mundo que desprecia la fragilidad y condena a quienes no cumplen con un ideal de fuerza estoica. Sin embargo, es precisamente en su fragilidad donde reside la grandeza del personaje.
El punto de giro emocional se produce al final, cuando Marranillo, enfermo de tifus, delira con imágenes entrañables de su vida pasada: su madre, sus libros, su inocencia.
En su último momento de lucidez, expresa un deseo sencillo pero profundamente simbólico: que canten La Marsellesa sobre su tumba. Este acto, que sus compañeros cumplen, transforma su figura: de ser el objeto de burla, se convierte en un emblema de libertad, dignidad y humanidad.
La canción —símbolo de la Revolución Francesa y de la lucha contra la opresión— sirve como redención no solo para Marranillo, sino también para quienes lo despreciaron. En el acto colectivo de cantar, los compañeros recuperan su capacidad de sentir, de llorar, de reconocer la nobleza en aquel a quien antes rechazaron. Es un canto de despedida, pero también un grito de justicia y de reparación tardía.
La Marsellesa nos confronta con nuestras propias actitudes ante los débiles, los diferentes, los sensibles. Nos recuerda que muchas veces, como sociedad o como individuos, solo valoramos a los demás cuando ya es demasiado tarde. Pero también nos ofrece una posibilidad de redención: la de reconocer, aun al final, la luz en aquel que parecía insignificante.
La marsellesa, Cuento
Autor: Leonid Andreiev
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