La atracción por lo deforme y la crisis del sujeto sensible
La narrativa de Roberto Arlt en El jorobadito nos sitúa frente a un narrador que habita los márgenes de la cordura y la hipersensibilidad. Su confesión no comienza con un arrepentimiento, sino con la justificación de un acto que considera, paradójicamente, un favor a la sociedad: el estrangulamiento de Rigoletto.
Desde las primeras líneas, observamos una naturaleza ambivalente: el protagonista siente un "delicioso pavor" por los contrahechos, una atracción similar al vértigo de un noveno piso. Esta fijación no es gratuita; para él, la figura del jorobado es un espejo deformante que proyecta sus propios miedos de exclusión y fealdad.
El narrador se presenta como un hombre cuya capacidad de percepción ha sido agudizada hasta el dolor. Afirma ver el "rojo del odio" y el "verde del amor" en los pensamientos ajenos, una facultad que lo condena a la soledad absoluta.
Al descubrir la bajeza humana oculta tras los gestos más leves, su bondad original se agria, convirtiéndolo en un ser taciturno e irónico. En este escenario mental, la aparición de Rigoletto no es un accidente, sino la encarnación física de ese sedimento de bajeza que él cree ver en todo el mundo.
La construcción del ultraje: El beso como arma de ruptura
La trama se desplaza hacia la casa de la señora X, donde el narrador desempeña el papel de "novio" en una estructura familiar que siente como una red opresiva. La madre de su novia, descrita como una "monstruosa araña", teje una malla de obligaciones sociales que asfixian al protagonista.
La idea de introducir al jorobadito en este entorno sagrado de la burguesía no nace de la amistad, sino de una voluntad destructiva. El plan es de una crueldad metódica: exigir que su novia, Elsa, entregue su primer beso al "repugnante corcovado".
Este acto busca subvertir el orden moral de la familia. Al proponer que la pureza de la joven se encuentre con la fisonomía degradada del jorobado, el narrador intenta desgarrar la tela de la hipocresía social. No busca amor, busca la confirmación del asco.
Sin embargo, Rigoletto, lejos de ser un instrumento pasivo, revela una insolencia y una soberbia que superan las del propio narrador. El jorobado se apropia de la escena, exige el beso como una "misión filantrópica" y termina encañonando a la familia con un revólver, transformando la farsa en una tragedia grotesca.
El desenlace: La ejecución de la sombra
El estrangulamiento final de Rigoletto es la conclusión lógica de un vínculo basado en el odio y el reflejo. El narrador mata al jorobado no por su maldad hacia la cerda que latigaba, sino porque Rigoletto es el recordatorio constante de su propia degradación.
Al retorcerle el pescuezo, intenta silenciar la voz sardónica que puso en evidencia la vacuidad de sus pretensiones. La justicia y la prensa lo califican de cínico perverso, pero en su lógica interna, él ha realizado un acto de limpieza estética, eliminando al bufón que se atrevió a exigir reparaciones a una humanidad que lo desprecia.
Hallazgos y curiosidades sobre la estirpe de Rigoletto
El nombre como máscara: El apodo "Rigoletto" es una referencia directa a la ópera de Verdi, donde el bufón jorobado sufre la tragedia de su propia condición, aunque aquí Arlt le otorga una insolencia mucho más agresiva.
La fisonomía del mulo y el caballo: La descripción física que hace el narrador mezcla rasgos animales para deshumanizar al contrahecho, subrayando su naturaleza híbrida y perturbadora.
La dialéctica del vértigo: El narrador compara su atracción por los jorobados con el deseo de arrojarse al vacío, sugiriendo que la autodestrucción es el motor de su relación con el mundo.
El revólver de Rigoletto: La aparición del arma rompe la farsa literaria y convierte al jorobado en una amenaza real, demostrando que el "monstruo" tiene capacidad de acción propia.
La hipersensibilidad cromática: El protagonista afirma ver colores en los pensamientos, lo que lo emparenta con personajes de la literatura decadente que sufren por un exceso de percepción.
La madre como araña: La señora X no es una suegra convencional, sino una fuerza de la naturaleza que utiliza la amabilidad como un hilo para atrapar a su presa.
El desprecio por la paternidad: El narrador expresa un rechazo visceral hacia la reproducción humana, viendo en el nacimiento de una criatura solo la perpetuación del dolor.
El odio a los "sepulcros blanqueados": Citando a Cristo, el protagonista justifica su misantropía al asegurar que puede ver la podredumbre interna de los hombres "buenos".
La técnica del espejo: El orden que Ricitos de Oro buscaba en su cuento es aquí invertido; el narrador busca el desorden absoluto para revelar la verdad tras la máscara.
El perfume endiablado: Rigoletto se perfuma para ir a la casa de Elsa, un intento patético y grotesco de ocultar su fisonomía mediante el olfato.
El sombrero de paja: Un accesorio que el jorobado usa para marcar un ritmo militar con los nudillos, subrayando su carácter burlón y fuera de lugar.
La misión filantrópica: Es la justificación delirante de Rigoletto para exigir el beso; él cree que la sociedad le debe una compensación por su deformidad.
La risa descompuesta: El narrador cae en un ataque de risa mientras su plan se sale de control, lo que indica su pérdida final de contacto con la realidad social.
El té con coñac: Una demanda de aristocracia por parte del jorobado que pone en evidencia lo absurdo de la situación frente al miedo de los padres.
La servilleta en la mano: El detalle de la madre saliendo con una servilleta subraya la interrupción de la vida cotidiana burguesa por lo monstruoso.
La cara de jumento: Otra referencia animal que refuerza la dentadura amarilla y la risa desagradable del personaje.
El "técnico de calzado": La crítica de Rigoletto a los eufemismos de las profesiones humildes muestra su desprecio por las pretensiones sociales de cualquier clase.
La ebriedad inicial: La primera visita de Rigoletto a la casa del narrador establece su carácter invasivo y falto de respeto.
El castigo a la cerda: La crueldad de Rigoletto hacia el animal prefigura su propia muerte; es un ser que solo conoce la violencia como forma de relación.
La mirada de Elsa: Descrita como una claridad sombría, representa el juicio de la inteligencia frente a la locura del narrador.
El almanaque de Gotha: La referencia a la guía de la nobleza europea sirve para marcar cuán lejos está el protagonista de la conducta esperada de un caballero.
El "cacaseno": Un insulto arcaico que el narrador usa para definir la nulidad moral que percibe en el jorobado.
La red muscular del rostro: Arlt detalla el relajamiento de los músculos de la señora X para mostrar el paso del tiempo y la degradación del carácter.
La noria social: El narrador utiliza esta metáfora para describir la vida matrimonial y económica como un círculo infinito de esclavitud y aburrimiento.
El viento espectral: La atmósfera del viaje hacia la casa de Elsa refuerza la idea de un descenso a los infiernos personales del protagonista.
El cojo que corre: La imagen física del jorobado tratando de seguir el paso del narrador acentúa la dependencia grotesca entre ambos.
La "idea" como fibrota: La descripción de la idea fija como una raíz que se expande por las células cerebrales muestra el proceso de alienación mental.
La indemnización de veinte pesos: El precio que el narrador pone al honor y al beso, reduciendo lo sagrado a una transacción comercial barata.
La corbata violeta: Un color asociado a la penitencia o a la muerte, que Rigoletto viste para su "gran noche".
El vigilante que entra: El fin de la farsa es la intervención de la ley, el único orden que el narrador no puede ignorar.
El desvanecimiento: La incapacidad del protagonista para enfrentar las consecuencias de sus actos, refugiándose en la inconsciencia.
La perversidad endemoniada: El narrador atribuye a todos los deformes una maldad intrínseca para justificar su propio odio.
El barandal del noveno piso: Símbolo de la tentación constante del narrador por el abismo y el fin de la conciencia.
La plata sucia: Metáfora del rostro de la señora X, que sugiere algo que alguna vez tuvo valor pero que ahora está empañado por la mezquindad.
El estrangulamiento: Acto final de posesión y destrucción; el narrador se vuelve dueño del silencio de Rigoletto.
Conclusión: El silencio de la corcova
El jorobadito no es solo la crónica de un crimen, sino el estudio de una psique que se desintegra ante la imposibilidad de soportar la realidad. El narrador, atrapado entre su asco por la sociedad burguesa y su fascinación por la fealdad, termina destruyendo aquello que más se le parece.
La muerte de Rigoletto no libera al protagonista; lo confina a las "leprosas paredes" de un calabozo donde solo le queda su propia mirada, ahora sin un espejo donde proyectarse.
Al final, el ultraje planeado contra Elsa termina siendo el ultraje definitivo contra sí mismo, demostrando que en el universo de Arlt, la inteligencia y la sensibilidad son condenas que solo encuentran alivio en la violencia.
El jorobadito, Cuento
Autor: Roberto Arlt.

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